Gran Torino

La película es previsible, pelín tópica, pero, como suele pasar con las últimas obras de Eastwood, rezuma autenticidad, humanidad, emoción, sencillez y grandeza moral. Y con un final de esos que te dejan clavado en la butaca del cine, sintiéndote algo pequeño. Clint Eastwood es grande porque en su vejez, con películas como Mystic River, Un Mundo Perfecto, Million Dollar Baby, Cartas desde Iwo Jima…, demuestra la lucidez del sabio, del que ha vivido mucho y sabe de qué habla cuando habla de la vida, sin más. Es apasionante ver cómo un tipo que fue símbolo del western cutre y del fascismo policial (Harry el Sucio), se revela en el ocaso de su vida como un gran humanista.
Temas como la soledad en la vejez, la irreversibilidad de la vida, el sentimiento de culpa, el horror de las guerras, el racismo y los estereotipos, la incomprensión e intolerancia entre culturas, la violencia presente en la sociedad, la falta de oportunidades… Todo eso sale en Gran Torino. Todo eso en una gran película.
Etiquetas: Reflexiones
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