Morir por contar

Una mujer valiente, que había afrontado muchas situaciones peligrosas y había sido hostigada una y otra vez, es disparada cobardemente tras volver de la compra en el supermercado. Anna preparaba un reportaje sobre las torturas sistemáticas y los abusos del ejército y las autoridades en Chechenia, la versión putiniana de la War on Terror global.
En 2008, tres hombres acusados de implicación en su asesinato se enfrentan a un tribunal en Moscú. Pero el juicio arranca con un escándalo: el juez anuncia que los miembros del jurado han pedido que la vista sea a puerta cerrada, aunque posteriormente una de estas personas declara a la emisora independiente Ekho Moskvy que nadie del jurado teme un juicio abierto.
¿Quién miente? ¿Y por qué? ¿Alguien teme el escrutinio público? ¿Temen las respuestas o más bien las preguntas?
En febrero de 2009, los tres sospechosos son liberados, sin pruebas de su culpabilidad y relación con el asesinato, y el Tribunal Supremo ruso ordena una nueva investigación del asesinato. Un año y medio más tarde, la nueva investigación todavía no ofrece ningún resultado. Cero.
Desde entonces, muchos más periodistas y defensores de derechos humanos han sido asesinados en Rusia, como la chechena Natalya Estemirova en 2009. Otros viven bajo la permanente amenaza y el miedo.
Más de 300 (!!) periodistas han muerto o desaparecido en Rusia desde 1991, en apenas 20 años y bajo un régimen aparentemente democrático. Rusia se convierte, junto con Iraq, México o Colombia, en uno de los países del mundo más peligrosos para contar lo que pasa e informar.
Impunidad frente a justicia. Desgraciadamente, lo de siempre.
**La imagen de este apunte es de Periodistas de Género
Etiquetas: Comunicación, Guerra y paz
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